BASTA DE HACERLE EL AMOR A LA POLÍTICA
Hace poco me cayó a la mente una idea bastante común pero que en nuestros días no deja de ser interesante: "los debates no se ganan". Se ganan los partidos de fútbol, las carreras, las peleas físicas o verbales en las que uno domina y se lleva la victoria y la satisfacción que implica. Pero los debates son más nobles que eso, los debates buscan algo más que la satisfacción -o cual sea el goce que implique- de la victoria, buscan entendimiento, acuerdo. Las personas que debaten normalmente defienden posturas opuestas, pero sus intereses suelen no ser distintos, más de una vez dos personas conversan sobre política y lo único que ambos quieren es que su país esté en la mejor situación posible, pero creen en diferentes caminos para lograr ese resultado.
Considero eso como un debate, al menos como un buen debate, un debate rico y que vale la pena: dos personas que disienten pero que no están cerradas a que la opinión del otro lado es inferior (si así fuera sería más el intento de adoctrinar que un debate). Una discusión sobre política entre ideologías opositoras, como nombré antes es un buen ejemplo, pero cambiando el escenario también analizamos a dos fanáticos hablando de fútbol, uno defiende a su equipo, a sus colores, y a la historia de su club, y el otro lo mismo pero del cuadro contrario, llevan horas discutiendo y nunca van a llegar a un acuerdo, porque claramente ninguno está dispuesto ni interesado en pasar a ser de otro equipo, ni abierto a ser convencido de que otro equipo es mejor que al que sigue a diario con pasión.
¿A que voy con todo ésto, y que tiene que ver con "nuestros días"? Básicamente creo que esos dos conceptos se mezclaron en nuestra política Argentina, y hoy en día casi no hay debates en política sino discusiones que mantenemos hasta que uno muestre haber gastado menos tiempo navegando en diarios e internet, y el arbitro imaginario salido del ego del victorioso declare que la pelea política terminó a su favor. Esto podría ser sano si las ideas no fueran acompañadas de la misma pasión que la de la discusión futbolera, si los debatientes no estuvieran determinados a defender su posición a muerte. Creo que es tóxico vernos buscarle vueltas a las noticias más ciertas para desvalorizarlas y reivindicar nuestro equívoco amor por un gobierno; y del otro lado desesperarnos analizando políticas hasta encontrarle la forma de que cumpla con alguna operación para robarnos plata, y todo por alimentar el odio a ese gobierno del que jamás vamos a aceptar una palabra.
Creo que en la Argentina necesitamos más debates cargados de realidad y no de ideas armadas. Más que muchas personas con pensamientos diferentes necesitamos muchos pensamientos diferentes en cada persona, así vamos a llegar a un 2015 en que las elecciones no van a tener ese gustito a deporte sino uno a política, no vamos a estar esperando cada actualización del conteo de votos como esperamos un gol, simplemente porque no nos enamoramos de una posición sino que forjamos una nueva por todos los debates que no ganamos ni perdimos, de esos en los que ganó el bien de todos y no el del ego.
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